Introducción al Aikido

El poder del vacío y la no resistencia.

Al comenzar, para quienes practicamos artes marciales resulta muy difícil comprender el concepto de no-resistencia en el momento de la lucha. Nuestra tendencia natural es la de resistir, luchar e imponernos por medio de la fuerza bruta. Es ahí donde resulta imposible aplicar los conceptos de no resistencia, fuerza activa, etc… tan habituales en la práctica del Aikido.

Mediante el entrenamiento del Aikido conseguimos conocer estos conceptos y después aplicarlos de modo que nos resulten evidentes. En primer lugar se debe hacer un esfuerzo consciente por entender mentalmente los conocimientos y conceptos que encierra la idea de vacío y no resistencia activa. El desarrollo de la sensibilidad que requiere esta forma de trabajo hace que no resulte fácil de alcanzar a corto plazo. Se requiere construir de forma ordenada y escalonada los fundamentaos de: Estructura, Tiempo y Forma. Así, entendemos Estructura como la forma más racional de usar el cuerpo en busca de ese gesto natural que nos permita desarrollar la máxima potencia posible sin que corramos riesgo de sufrir ningún daño. Por su parte, el Tiempo implica que, en constante conexión con el compañero incluso dentro de una práctica intensa, podamos comprender el instante justo para ejecutar el gesto correcto. Por último, la Forma correcta conlleva la ejecución técnica justa, mediante el uso de la actitud correcta.

Introducción al Aikido
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Concentrándonos en los citados aspectos conseguiremos, con la práctica, que los mismos se interioricen y al convertirse en parte de nosotros cobrando forma en la actitud habitual de nuestra manera de entrenar, relacionarnos con las personas y con nuestro entorno.
Todas las artes marciales tienen como finalidad primera la eficacia. El origen de todo arte marcial radica en la búsqueda de la finalización de un conflicto a través de ciertos movimientos y ciertas técnicas que deberían proporcionar alguna ventaja sobre el adversario. Entonces no debemos olvidar que, en épocas no tan lejanas, el uso adecuado de las técnicas marciales de diferentes disciplinas implicaba la abismal diferencia entre la vida y la muerte.

El Aikido, como arte marcial, desde su principio establece la idea de eficacia como forma de manifestar la poderosa naturaleza de la no-resistencia sobre la fuerza. La búsqueda continua del camino más suave con el que controlar la fuerza del oponente y el desarrollo de esta sensibilidad, hacen del Aikido una forma diferente de entrenamiento tanto físico como mental, donde el contacto y los desequilibrios generados por los movimientos circulares y la constante búsqueda del centro del compañero, hacen que la perspectiva sobre el dominio de nuestro cuerpo, en relación al compañero, cambie radicalmente. Si sólo pretendemos dominarlo, sin ningún sentido del trabajo técnico, mejorado en cada momento de la práctica, únicamente conseguiremos imponernos de forma parcial. La utilización de los cambios de ritmo, el contacto, la dirección de nuestra fuerza, y el uso racional de nuestro peso en un espacio esférico, tienen el efecto de desorganizar el ataque, provocar la desestabilización y agotamiento de la intención del ataque. El comprender la inutilidad del ataque hace que el resultado de la no resistencia, no sea exclusivamente la victoria sobre otro, sino la superación de las barreras que nos separan en el conflicto.

A nivel teórico, la resolución de un conflicto desde el punto de vista del Aikido incluye la idea utópica de la resolución satisfactoria para ambas partes en la misma medida y, en consecuencia, la ausencia de victoria y derrota.
Comprender el sentido de la lucha desde los diferentes aspectos del conflicto y el carácter interno de la actitud adecuada durante la lucha, es el fin prioritario del entrenamiento intensivo en las artes marciales. El estudio de la no resistencia y del vacío aplicado de forma marcial no implica ningún tipo de pasividad o de entrega. Al contrario, se requiere una forma de actuar decidida. Además, esta forma de entrenamiento no está exenta de cierto dolor físico provocado por técnicas cuya finalidad es la de aprender a controlar al compañero.
Aunque parezcan contradictorias con la idea de armonía, dichas técnicas enseñan de forma dinámica cómo debemos mover nuestro cuerpo ante situaciones de peligro, tanto para quien las ejecuta como para quien las recibe. Además de controlado, el dolor resultante se presenta como una forma de hacer evidente el camino correcto hasta llegar a controlar a un compañero sin tener que llegar al extremo de un dolor que conduzca a la lesión.

Desde el punto de vista estratégico, esta idea de vacío y no resistencia nos permite concentrarnos “a priori” en la actitud correcta antes de la lucha, si se presentara. No olvidemos que semejante noción de lucha en el Aikido es sólo exterior. En el plano interior se presenta como la oportunidad de mostrar y utilizar esa actitud interna que hemos estado desarrollando mediante el entrenamiento.
El estudio y posterior consolidación de esta forma de “estar” ante situaciones que, por sorpresivas, no controlamos, debe ser una de los objetivos principales de nuestro entrenamiento. La tranquilidad de pertenecer al infinito mundo del “vacío y la no resistencia” nos debe dar una seguridad interior que permita ocuparnos de aspectos más trascendentes de nuestro ser.